Guías · Fallecimiento de un hijo
Cuando fallece un hijo: el duelo que transforma a una madre
Una guía escrita desde mi propia experiencia como madre, para acompañarte a vivir este duelo sin sentir que avanzar es abandonarlo.
Por Olga López · Mamá de Juan Camilo · 10 años de yoga · Certificación de 500 horas
El 27 de febrero de 2024 falleció mi hijo, Juan Camilo. Tenía 24 años. Ese día mi mundo, tal como lo conocía, dejó de existir. Escribo esta guía para ti, que hoy despides a un hijo o a una hija, desde el único lugar que conozco: el de una madre que también lo vivió.
Un duelo que cambia el orden de la vida
Despedir a un hijo rompe algo que creíamos inamovible: que los hijos nos sobreviven. Por eso este duelo no solo duele; transforma la identidad. Muchas madres sienten que ya no son la misma persona, que lo que antes importaba dejó de importar, que el mundo les pide "seguir adelante" mientras por dentro el dolor sigue intacto.
Lo que muchas madres sienten y casi nadie dice
- Culpa por cada sonrisa, como si avanzar fuera abandonarlo.
- Miedo de que, si el dolor baja, el recuerdo también se vaya.
- Rabia: con la vida, con otros, con una misma, incluso con él.
- Soledad: amigos que se alejan porque no saben qué decir.
- Un cuerpo agotado que no duerme ni descansa.
Si te reconoces en algo de esto, no hay nada malo en ti. Es el tamaño de tu amor buscando un lugar.
Si tu hijo falleció por suicidio
Juan Camilo falleció por suicidio. Sé lo que se siente cargar con el silencio, la vergüenza que otros proyectan y la culpa por lo que hice y por lo que callé. Quiero decirte algo que me costó mucho aprender: tu hijo es mucho más que la forma en que partió. Su vida, su risa, su forma de mirar el mundo merecen ser recordadas, y tú tienes derecho a hablar de él.
El vínculo no termina: cambia de forma
Con el tiempo descubrí que lo que permanece más allá de lo físico es el amor vivido. Hoy siento a Juan Camilo de otra manera: en mi respiración, en la naturaleza, en los dos árboles que le sembré en Antioquia, uno en Itagüí y otro en San Rafael.
Una práctica: un rincón de luz
Busca una fotografía que capture su esencia, un objeto pequeño o un recuerdo. Crea con ellos un rincón en tu casa. Cuando lo necesites, detente frente a él, siente tus pies en la tierra, inhala profundo y exhala lento. Háblale. Comparte tu risa y, si el alma lo pide, también tus lágrimas. Nadie más necesita entender tu forma de amarlo.
Preguntas para escribir
- ¿Qué era lo que más amaba de mi hijo?
- ¿Qué rasgo suyo sigue presente en mí hoy?
- ¿Qué pequeño recuerdo suyo me visita a menudo?
Cuidarte no es traicionarlo
Durante mucho tiempo sentí que, si mi cuerpo recuperaba fuerza o mi corazón un instante de alegría, estaba olvidando a mi hijo. Hoy sé que cuidar de mí no es olvidarlo: es llevarlo conmigo. Él no habita en mi sufrimiento, sino en el amor que nos une.
“La muerte no fue el final de nuestra historia, sino el comienzo de una forma de amor diferente, más expansiva.”
Si el dolor se vuelve demasiado
Este contenido acompaña, pero no reemplaza la terapia, la psicología ni la tanatología. Si sientes que el dolor no te deja funcionar en tu día a día, o tienes pensamientos de quitarte la vida, busca ayuda profesional. En Colombia puedes llamar a la línea de emergencias 123 y, en Medellín, a la Línea 106, gratuita y disponible las 24 horas, o a la Línea Amiga Saludable al (604) 444 4448.